miércoles, 26 de mayo de 2010

“La unidad no existe sin diversidad”, Claudio Magris

Susana Moncada López


El miedo se extendió por el mundo y con él nacieron las ambiciones de poder. Sobre la tierra se escribieron con sangre las fronteras, las líneas que fragmentaron los continentes y los convirtieron en grandes rompecabezas. En Trieste, frontera entre Italia y Austria, nació Claudio Magris. La condición de esta ciudad marcó su visión del mundo. “He nacido y he vivido en una ciudad de frontera (…) estaba constituida y tejida por fronteras que la cortaban espiritualmente separándola de ella misma, la atravesaban como cicatrices sobre el cuerpo de un individuo. Solo una Europa realmente unida puede hacer que las fronteras entre sus naciones y culturas sean puentes que las unan y no barreras que las separen”.

A través de sus ensayos, que se mezclan con la novela y los relatos de viaje, la necesidad de la unión aparece como su gran anhelo. En la diversidad y el intercambio de culturas, donde muchos ven una amenaza, él encuentra la riqueza, la posibilidad de redescubrirse a través del otro.
Los nacionalismos, la excesiva identidad que anula al otro y lo deshumaniza es una de sus críticas frecuentes, pero desafortunadamente la construcción de la identidad se ha basado en la creación del enemigo, figura que ha jugado a lo largo de la historia, un papel fundamental para justificar masacres, violaciones y saqueos.

La ambición de poder adopta discursos del miedo para manipular a la gente, por esto el mundo se divide en términos de buenos y malos. Un ejemplo de esto fue el discurso del ex presidente Geroge W Bush en el 2002 en el que denominó a Irán, a Irak y a Corea del Norte como los países que constituían el eje del mal.

Los nacionalismos también han sido la enfermedad de Europa y una de las principales preocupaciones de Claudio Magris, por esto sus ensayos al reflexionar sobre problemáticas actuales generan corrientes de opinión.

En su ensayo La literatura ante la barbarie publicado en la revista de la Universidad Nacional de Colombia toma un relato escrito por Biagio Marín sobre el que Claudio Magris realiza una reflexión interesante sobre la identidad supranacional. En este relato Biagio Marín cuenta una parte de su juventud que trascurre en 1915 cuando la primera guerra mundial ya había empezado, pero Italia aún no había entrado en guerra con los Imperios centrales. Marín era italiano súbdito de los Habsburgo, pero como estudiante organiza una manifestación de italianos que se enfrentan a estudiantes alemanes con la intención de declararle la guerra al Imperio Habsburgo. Más adelante se enrola al ejército italiano en guerra con Austria, pero al ser tratado villanamente por un capitán Marín declara que se siente austriaco, mucho más correcto y cívico.

En esta contradicción presente en el relato el ensayista hace un análisis bellísimo. “Marín en Austria se proclama italiano, en Italia reivindica su formación austriaca, en esta contradicción está todo el sentimiento de pertenecer a una civilización supranacional, de amar a fondo la propia patria, pero también de reconocerse perteneciente a una unidad más grande que cualquier dimensión nacional.”

¿Qué es entonces la identidad? ¿Qué significa una frontera? Son preguntas sobre las que medita Claudio Magris que desde niño se interesó por estos temas, de ahí que su primer libro publicado cuando sólo tenía 22 años fue El mito habsbúrgico en la literatura austríaca moderna en el que se ve su gran interés por establecer un diálogo entre la cultura germánica y la latina.

Las fronteras son invenciones artificiales que dividen a los hombres y los clasifican. Los valores ya no se entienden como humanos, sino como alemanes o italianos o ingleses. Y ¿Dónde está la humanidad? ¿Acaso no es la humanidad la que nos envuelve a todos en cualquier parte del mundo? ¿Es necesario odiar al otro para construir la identidad?.. ¿Será imposible que el amor propio coexista con el amor al otro? La respuesta a esta pregunta se responde con la vida de Claudio Magris, un gran admirador de las culturas, de las diferencias, un hombre que a través de la escritura ha mostrado la riqueza que propicia el intercambio. El amor por su Italia no se traduce en odio hacia otros países, al contrario él encuentra belleza en las diferencias, en lugar de temer o juzgar, admira.

En El Danubio, una de sus obras emblemáticas, recorre este río desde su nacimiento hasta su desembocadura contando historias y personajes a través de una escritura que se mezcla con la novela y el ensayo, el diario y la autobiografía, la historia cultural y el libro de viajes. En esta obra se encuentra su pasión por los viajes, por el interés de observar las culturas y se refleja también esa capacidad para meditar, reflexionar sobre lo humano, ingrediente siempre presente en sus escritos.

Al reconocer que en el otro hay belleza y sabiduría los días serán siempre nuevos, es por esto que las sociedades se detienen cuando se consideran así mismas las poseedoras de la verdad absoluta. Cuando se le abren las puertas a la diversidad y a la discusión crece el saber.

Entonces ¿qué es la identidad? Se pregunta en La literatura ante la barbarie a lo que responde. “La identidad es algo movible. En la identidad de una persona confluyen elementos varios, contradictorios, provisionales, fluctuantes. El individuo aprende a sentirse huésped y no patrón de su propio mundo, de su propia identidad, un huésped a veces autorizado, a veces abusivo, pero ciertamente no más legítimo”.

La oposición a la intolerancia de los que se consideran portadores de la verdad, el respeto a las creencias de los que piensan diferente y el derecho que tiene cada cultura y cada persona a expresar libremente sus convicciones son conceptos que también defiende en sus ensayos.
En el Singo verdadero del laicismo define laicidad como una forma de pensar, una tendencia a apasionarse con las propias ideas, pero también a reírse de ellas y de uno mismo. También en este ensayo hace una interesante reflexión donde menciona el peligro que corre el espíritu laico que al luchar contra los dogmas puede pervertirse en la muerte de todos los valores y principios. Es decir aquello que critica los dogmas, se convierte en dogma. La razón corre el peligro de desnaturalizarse en la mera racionalidad calculadora. De esta manera el laicismo se convierte en su antónimo y la racionalidad se convierte en ley, en una técnica de poder que no reconoce valores más allá de los hechos.

Las sociedades siempre han tenido una tendencia a homogenizar, desde que los niños van al colegio lo primero que deben comprar es un uniforme. Nuestros sistemas educativos se han construido no a partir de la diferencias, sino a partir de las similitudes. Tal vez por esto no es extraño que quien se viste diferente, quien decide peinarse de una manera que se sale de los estándares es observado por los demás con rechazo, burla y miedo.

Esta tendencia a valorar lo homogéneo y a rechazar todo lo que se aleje del estándar se ve en la decisión tomada en Bélgica donde ahora es ilegal que las mujeres islámicas usen la burka en lugares públicos. Lo que indica que estas mujeres para poder estar en ese país deben dejar a un lado sus creencias y adoptar las formas de vestir de la cultura dominante. Como quien dice: “Si quieres estar conmigo, vístete como yo, no expreses en público cosas con las que no estamos de acuerdo, tus diferencias sólo podrán relucir en tu intimidad, jamás en la vida pública”.

Sin embargo para Claudio Magris Europa no significa nivelar las diferencias, sino formar un coro armonioso. Afortunadamente sus ideas serán inmortales a través de la escritura y le apuntarán siempre a esta bella frase: “La unidad no existe sin diversidad”.

En estás páginas podrán encontrar más información sobre el ensayista.

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Sueno/Estado/federal/europeo/elpepusocdmg/20100221elpdmgrep_7/Tes

http://losdelpoder.blogspot.com/2009/05/claudio-magris-un-enamorado-de-las.html

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1972

http://www.fpa.es/premios/2004/claudio-magris-1/speech/

domingo, 9 de mayo de 2010

El Periodismo de opinión, la realidad desde distintos puntos de vista.

Susana Moncada López

En cualquier país es inadecuado pensar que sólo con la divulgación de las noticias a través de los medios se ha cumplido con el deber de informar a los ciudadanos y de darles elementos para que definan y construyan sus opiniones. Es necesario que la información se interprete para que así las fechas, los datos y los personajes trasciendan. Por esto el Periodismo de Opinión es importante en el país porque le permite al ciudadano acercarse a las interpretaciones de los hechos desde distintos puntos de vista.

Las noticias son un principio, son el insumo que se necesita para hacer interpretaciones y juicios de valor que, por su puesto, deben sustentarse en el conocimiento del tema, pero sobretodo requieren de una gran responsabilidad.

Esta es quizá la palabra más importante a la hora de emitir un juicio de valor sobre algo o alguien: la responsabilidad. A pesar de esto algunos columnistas lanzan juicios severos que nos son justificados adecuadamente en sus textos, como si la libertad de expresión fuera una excusa válida para incurrir en imprecisiones o para evadir responsabilidades ante juicios que se fundamentan más en la emoción que en el peso de los argumentos.

Opinar no es tan simple como algunos creen, se necesita de la reflexión, de la investigación y además de la humildad. La claridad y la solidez no deben confundirse con la arrogancia. Además es válido preguntarse ¿Qué tan pertinente es que las opiniones personales se escriban en términos absolutos, como si la propia opinión fuera la única correcta entre las demás?

Al leer algunas de las columnas de los principales medios del país, se encuentran temas recurrentes, la mayoría de ellos pertinentes por su actualidad y por el interés que despiertan en el público. Por ejemplo los candidatos presidenciales, especialmente Santos y Mockus, están en la mira de los columnistas.

La televisión tiene un gran poder a la hora de determinar cuáles son los temas más importantes. Por esto no es extraño que cuando se abren los noticieros con alguno de los frecuentes y polémicos comentarios de Chávez, la gente hable de Chávez en las calles y las columnas de opinión hablen de él en los medios. Sólo al observar los debates que se han hecho con los candidatos se puede ver cómo los medios establecen cuáles son los principales problemas del país. Tal vez por esta razón muchos colombianos vayan a elegir al presidente sólo pensando en Las Farc y en Venezuela, como si los únicos problemas de este país fueran esos.

A pesar de la concentración casi enfermiza que algunos medios hacen sobre determinados aspectos, también hay otros que logran mantener a través de sus columnistas una diversidad de temas que son de interés para los lectores. Una sociedad es diversa y compleja, de ahí que limitar de manera excesiva los temas de interés, además de ser aburrido, sumerge al lector en una espiral que empequeñece su visión sobre la complejidad de su ciudad, de su país y el mundo.

Estamos en una etapa interesante y se acercan las elecciones presidenciales, pero no se pueden olvidar otros temas importantes como el publicado por la editorial de El Tiempo sobre la reparación de las víctimas de los paramilitares que está frenada por el poco dinero que este grupo ha entregado a pesar de que el proceso ya lleva cinco años. En El Colombiano, por ejemplo, también salió una columna de Andrés Oppenheimer sobre la nueva ley en Arizona que criminaliza los indocumentados. Los lectores necesitan variedad de interpretaciones sobre múltiples aspectos, cosa que olvidan algunos medios. Leyendo algunas de las columnas de la revista Semana se ve una delimitación excesiva de los temas. Todo parece girar alrededor de los candidatos.

El Periodismo de Opinión es pertinente cuando se asume con responsabilidad, por esto finalizaré con algunas preguntas que surgieron mientras leía algunas columnas. ¿Cuál es el objetivo de una columna de opinión? ¿Persuadir o presentar simplemente una posición personal? ¿El Periodismo de Opinión le hace preguntas al lector o le da respuestas y soluciones? ¿Qué tan válido es, que en tiempos de elecciones presidenciales, las columnas se conviertan en propagandas a favor o en contra de determinados candidatos?

lunes, 19 de abril de 2010

Dos gobiernos pelean, pero los ciuidadanos son los que pierden

Susana Moncada López

La tensión entre Colombia y Venezuela crece, pero como siempre los ciudadanos, que están en el medio, son los que observan cómo ambos países se tiran la pelota caliente. Y es que parecemos viendo un juego de tenis a través de los medios de comunicación: que Chávez dijo esto, que Uribe respondió aquello, que el canciller de Venezuela dijo esto otro, que el vicepresidente colombiano concluyó aquello. Y la verdad es que el juego podría ser hasta entretenido, el problema es que los grandes perdedores no son los que dan los raquetazos sino los que ven el juego por la tele.

Impotencia es lo que se siente y más ahora cuando se están utilizando ciudadanos del común para echarle más leña al fuego. La detención de ocho colombianos acusados de espionaje por el gobierno venezolano es delicada y más cuando los familiares de éstos y el gobierno colombiano desmienten las acusaciones y aseguran que los detenidos trabajaban hace más de diez años en una empresa familiar de helados en Venezuela. Una cámara fotográfica con imágenes de hidroeléctricas del país fue el detonante, de ahí que el ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Tarek El Aissami los acusara de espionaje sobre el sistema eléctrico nacional con fines de desestabilización y sabotaje aprovechando la emergencia en el servicio eléctrico que atraviesa ese país.

Pero la prudencia es lo que se necesita para abordar casos como éste y más cuando las relaciones de los dos países no han sido las mejores. Es difícil tomar partido cuando frente a un mismo hecho se tiene dos versiones diferentes. Como es el caso de dos de los colombianos detenidos que según las autoridades venezolanas son agentes del DAS haciendo espionaje, mientras que el DAS niega esto. Entonces ¿dónde está la verdad?

Lo cierto es cada día estamos más lejos de la unión latinoamericana y de ese sueño bolivariano que llena de entusiasmo a Chávez. Se habla de unión, pero se actúa para dividir, se habla de diplomacia, pero los insultos van y vienen. Y como siempre los ciudadanos sufren las consecuencias.

Pero lo más preocupante, es que el odio que se tienen dos presidentes, se convierta en odio entre venezolanos y colombianos. Los gobernantes están jugando con candela cada vez que, con actitudes imprudentes, van promoviendo una cultura de la desconfianza y del desprecio al otro.
Es alarmante que el vicepresidente, Francisco Santos, haya dicho que por ser colombiano en Venezuela lo arrestan o lo matan. Esa es una afirmación de grueso calibre, que generaliza y que propaga el miedo entre los ciudadanos. Los altos funcionarios deben medir cualquier palabra que se diga, no deben olvidar la responsabilidad que tienen como los representantes de un país entero.

Sobra decir que las diferencias políticas y personales de dos presidentes no pueden traducirse en tratos injustos hacia los ciudadanos del común. En Colombia no deben juzgar indiscriminadamente a los venezolanos, ni en Venezuela a los colombianos. Lo que se necesita entonces es un poco de cordura.

martes, 13 de abril de 2010

Las encuentas no son la última palabra

Susana Moncada López

¿Para dónde va Vicente? para donde va la gente. Tal vez este el efecto que tengan las encuestas sobre los colombianos, aquellos que votan por una cara conocida, pero que, a la hora de la verdad, desconocen la historia de los candidatos y lo más importante las propuestas de éstos para mejorar la calidad de vida en el país.

Como era de esperarse después de los resultados de las elecciones para el Congreso de la República, el candidato favorito que ahora arrojan las encuestas es Juan Manuel Santos que representa la continuidad del actual gobierno y tiene como su principal objetivo fortalecer la seguridad democrática. Y es tanto el impacto de las encuestas que los aires de los candidatos cambian según éstas. Unos, al parecer, tienen un aire de derrota mientras que otros ya se sienten ganadores.

La última encuesta sorprende sobre todo en los candidatos, que se cree, irán a la segunda vuelta. La alianza entre Mockus y Fajardo parece ponerle más picante a las elecciones, bajando del segundo lugar a Noemí, la candidata del partido conservador y poniendo entonces como favoritos al joven partido verde y al partido de la U.

A pesar del impacto que tiene las encuestas, no se puede olvidar que las opiniones son cambiantes y muchas cosas pueden pasar en la mente de los colombianos para que finalmente decidan por quien votar. Una cosa es lo que se dice y en ocasiones otra lo que se hace en las urnas. Nada raro sería que Mockus haya aumentado su popularidad gracias a que ha salido en los últimos días en diferentes medios de comunicación, primero por su alianza con Fajardo, segundo por la noticia que compartió con la opinión pública sobre su enfermedad.

Las encuestas sorprenden y permiten hacer ciertas reflexiones, pero no pueden asumirse como la última palabra, no deben manejarse de esta manera por los medios de comunicación.

A veces da la impresión de que ahora los candidatos parecen con una calculadora en la mano haciendo las cuentas de los posibles votos que tendrán, cuando en realidad esto siempre será algo incierto. Incluso algunos analistas hablan de alianzas entre Vargas Lleras y Santos para responder a la alianza entre Mockus y Fajardo. Por otro lado los más debilitados, según los análisis, son Noemí Sanín y Rafael Pardo.

Pero más allá de hacer pronósticos e interpretar las encuestas como si fueran un ultimátum es mejor hacer reflexiones sobre éstas para poder acercarse a los verdaderos intereses de los colombianos. Lo que se puede decir es que el país se debate hoy entre la continuidad de la seguridad democrática, pero también entre el deseo de tener un cambio que le apunte a temas como la educación, el deporte y la cultura ciudadana. Tal vez esto hable de un cansancio de los ciudadanos que no quieren polarizarse más entre uribistas y antiuribistas.

Lo cierto es que los medios de comunicación deben buscar reflejar los interese de la gente, pero no utilizar las opiniones, siempre tan cambiantes, para hacer con éstas un espectáculo. También los candidatos deberían volver a sus reales propuestas para gobernar el país y olvidarse un poco de la calculadora.

lunes, 12 de abril de 2010

La Literatura del Absurdo, el tema central en el nuevo libro de Gustavo Arango Toro

Susana Moncada López

¿Tiene sentido la vida? ¿Tiene una finalidad, un objetivo? ¿Existe un camino correcto o tal ves uno equivocado? Muchas preguntas se le han hecho a la vida. Esta palabra que nos envuelve. Este misterio que muchos tratan de descifrar. Gustavo Arango Toro autor del libro “El más absurdo de todos los personajes” publicado por la Editorial UPB aborda este tema y propone una reflexión sobre la Literatura de lo Absurdo.

Este Comunicador Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana y Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1992 realiza este libro a partir del diálogo literario con obras de distintos escritores latinoamericanos entre los que se encuentran Julio Cortázar, Andrés Caicedo, Juan Carlos Onetti y Gabriel García Márquez.

Así novelas como Rayuela y cuentos como la Casa Tomada son analizados con el fin de hacer una reflexión sobre la figura del escritor en Latinoamérica.

En el programa de radio bolivariana, El coloquio de los libros, que se trasmite los sábados a las nueve de la mañana, el autor del libro afirmó que el más absurdo de los personajes es el escritor, pues éste al escribir puede crear una historia donde el personaje sea un escritor que lee, haciendo con esto que el lector participe en un juego de cajas chinas.

Es fascinante cómo la literatura nos hace preguntas y nos da respuestas, cómo nos invita a interpretar la realidad desde la abstracción y nos lleva por caminos minuciosamente construidos por el escritor. La literatura es ese vehículo que nos lleva a imaginar mundos paralelos y es ese espacio intangible en donde podemos escapar y, si se quiere, enfrentar y entender los absurdos de la vida misma.

La vida se mueve alrededor de lo absurdo, pero es la literatura, la poesía y el humor la que nos permite entender lo absurdo como una forma distinta de pararnos en el mundo, como una manera original de comprender las vivencias cotidianas.

La literatura nos permite trascender y cuestionarnos de ahí que resulte interesante acercarnos a los escritores de la literatura latinoameriana conducidos por las reflexiones y análisis de Gustavo Arango Toro.

martes, 6 de abril de 2010

La infomación es sólo la materia prima de los periodistas

La información es la materia prima de todo periodista, pero ella, por sí sola, no representa el quehacer de nuestra profesión. Los periodistas le damos valor agregado a la información con el fin de transformar los datos en escritos interesantes y amenos que respondan a los verdaderos intereses de las personas.

Sin embargo, los robots sí pueden reemplazar a algunos periodistas, sobre todo a aquellos que se sienten satisfechos cuando organizan una serie de datos que responden a las preguntas básicas o a los que se sienten aliviados al encontrar la noticia que necesitan en otro medio de comunicación para poder copiarla casi igual, quizá cambiando algunas palabras por sinónimos. Pero jamás los buenos periodistas podrían ser reemplazados por una máquina, precisamente porque el éxito que tienen radica en su propio estilo, en la personalidad que envuelve a sus escritos, a la interpretación que hacen de los hechos, a la capacidad de visionar sobre los acontecimientos actuales.

El Periodismo es una profesión de las ciencias humanas, trabaja para la gente y por lo tanto debe estar dotada de humanidad.
Así que los robots periodistas sí son una amenaza, pero sólo para los que se dedican a repetir lo que otros dicen. Los periodistas que investigan, que van al pasado para entender la actualidad, los periodistas que interpretan, analizan y van más allá de la información pueden estar muy tranquilos con el nuevo invento.

Para finalizar me gustaría anotar que los países ricos se caracterizan por transformar la materia prima en diferentes productos que, dotados de valor, pueden venderse a un alto precio, incluso a veces ni siquiera producen la materia prima, la traen de otras partes del mundo. Los países pobres venden sólo materia prima por esto cualquier país que produzca las misma cosas se convierte en una amenaza.

sábado, 20 de marzo de 2010

El futuro de los antitaurinos


Susana Moncada López

La semana pasada 20 activistas de Animanaturalis se desnudaron frente al Congreso de la República y se bañaron la espalada de pintura roja para protestar contra un proyecto de ley que se debatirá esta semana y que busca prohibir las manifestaciones en contra de las corridas de toros.
Esta protesta al estilo europeo llamó la atención y salió en varios medios de comunicación que le dieron voz a la inconformidad de estas personas, en su mayoría jóvenes, quienes aseguran que este proyecto atenta contra la libertad de expresión.
La tauromaquia llegó a América con los españoles, estos civilizados señores que además de matar a cientos de indígenas y de saquear las riquezas del continente nos dejaron una cultura de la violencia, hoy representada y además alabada en prácticas como la tauromaquia.
Que es una tradición, un deporte, un arte es lo que argumentan muchos taurinos, pero así como ellos pueden argumentarlo también los que no están de acuerdo con estas definiciones tienen el derecho de manifestarse. El Congreso de la República debe respetar ante todo la pluralidad y debe darle cabida al pensamiento diferente.
Las sociedades se construyen en el cambio y evolucionan cuando se enriquecen los debates. Eliminar la posibilidad de que los diferentes sectores expresen sus opiniones, es atentar contra la libertad y la democracia. Además ceñirse de manera enfermiza a la tradición es condenar a un país al estancamiento.
El Reglamento Nacional Taurino promovido por el senador Juan Carlos Restrepo defiende que “la tauromaquia es una expresión del derecho fundamental a la recreación, actividad inherente al ser humano”. Además indica que las corridas de toros impulsan económicamente el desarrollo de las ciudades y benefician a un gran número de colombianos.
Sin embargo esta celebración tiene algo particular que marca la diferencia con otras actividades de recreo como los son el teatro, la pintura, la danza, el cine, pues la tauromaquia se da a costa del sufrimiento de un animal que está en condiciones desventajosas frente a su adversario. Hay que recordar además que el animal, por obvias razones, no tiene la posibilidad de decidir si quiere o no participar en un acto que se basa en la celebración de su muerte.
Si la tauromaquia busca dejar en alto la valentía del hombre y su superioridad ante otros seres vivos lo que está mostrando es todo lo contrario, puesto que es descabellado que el hombre, un ser que posee razón, crea que su inteligencia radica en la capacidad de ser más eficaz a la hora de asesinar.
Sin embargo seríamos miopes si pensáramos que la tauromaquia se mantiene sólo por ser una tradición, pues detrás de ésta, sin duda, hay un negocio bastante rentable al que muchos ganaderos no están dispuestos a renunciar. Como ya lo sabemos la plata es el punto débil de muchos colombianos. Nos bastaría con echarles un vistazo a algunos congresistas y ex congresistas vinculados con el narcotráfico y el paramilitarismo para saber que en este país con la plata se compra la ética.
Además si la tradición es uno de los argumentos puede decirse que una acción no puede mantenerse sólo por ser considerada una tradición. Pues anteriormente la exclusión de las mujeres y los negros era una tradición y no por eso se puede justificar su existencia en el presente. ¿Qué habría pasado entonces si aquellos que disfrutaban del circo romano se hubieran negado a prohibirlo porque era una tradición?
Cuando el ser humano es capaz de disfrutar del sufrimiento de cualquier criatura puede insensibilizarse también frente al sufrimiento de los humanos. Para concluir me gustaría traer una idea que expresó Ramón Maya, historiador y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana en una de sus clases. “Una sociedad que silencia, mata o envejece a sus jóvenes, no puede evolucionar”.