Susana Moncada López
El miedo se extendió por el mundo y con él nacieron las ambiciones de poder. Sobre la tierra se escribieron con sangre las fronteras, las líneas que fragmentaron los continentes y los convirtieron en grandes rompecabezas. En Trieste, frontera entre Italia y Austria, nació Claudio Magris. La condición de esta ciudad marcó su visión del mundo. “He nacido y he vivido en una ciudad de frontera (…) estaba constituida y tejida por fronteras que la cortaban espiritualmente separándola de ella misma, la atravesaban como cicatrices sobre el cuerpo de un individuo. Solo una Europa realmente unida puede hacer que las fronteras entre sus naciones y culturas sean puentes que las unan y no barreras que las separen”.
A través de sus ensayos, que se mezclan con la novela y los relatos de viaje, la necesidad de la unión aparece como su gran anhelo. En la diversidad y el intercambio de culturas, donde muchos ven una amenaza, él encuentra la riqueza, la posibilidad de redescubrirse a través del otro.
Los nacionalismos, la excesiva identidad que anula al otro y lo deshumaniza es una de sus críticas frecuentes, pero desafortunadamente la construcción de la identidad se ha basado en la creación del enemigo, figura que ha jugado a lo largo de la historia, un papel fundamental para justificar masacres, violaciones y saqueos.
La ambición de poder adopta discursos del miedo para manipular a la gente, por esto el mundo se divide en términos de buenos y malos. Un ejemplo de esto fue el discurso del ex presidente Geroge W Bush en el 2002 en el que denominó a Irán, a Irak y a Corea del Norte como los países que constituían el eje del mal.
Los nacionalismos también han sido la enfermedad de Europa y una de las principales preocupaciones de Claudio Magris, por esto sus ensayos al reflexionar sobre problemáticas actuales generan corrientes de opinión.
En su ensayo La literatura ante la barbarie publicado en la revista de la Universidad Nacional de Colombia toma un relato escrito por Biagio Marín sobre el que Claudio Magris realiza una reflexión interesante sobre la identidad supranacional. En este relato Biagio Marín cuenta una parte de su juventud que trascurre en 1915 cuando la primera guerra mundial ya había empezado, pero Italia aún no había entrado en guerra con los Imperios centrales. Marín era italiano súbdito de los Habsburgo, pero como estudiante organiza una manifestación de italianos que se enfrentan a estudiantes alemanes con la intención de declararle la guerra al Imperio Habsburgo. Más adelante se enrola al ejército italiano en guerra con Austria, pero al ser tratado villanamente por un capitán Marín declara que se siente austriaco, mucho más correcto y cívico.
En esta contradicción presente en el relato el ensayista hace un análisis bellísimo. “Marín en Austria se proclama italiano, en Italia reivindica su formación austriaca, en esta contradicción está todo el sentimiento de pertenecer a una civilización supranacional, de amar a fondo la propia patria, pero también de reconocerse perteneciente a una unidad más grande que cualquier dimensión nacional.”
¿Qué es entonces la identidad? ¿Qué significa una frontera? Son preguntas sobre las que medita Claudio Magris que desde niño se interesó por estos temas, de ahí que su primer libro publicado cuando sólo tenía 22 años fue El mito habsbúrgico en la literatura austríaca moderna en el que se ve su gran interés por establecer un diálogo entre la cultura germánica y la latina.
Las fronteras son invenciones artificiales que dividen a los hombres y los clasifican. Los valores ya no se entienden como humanos, sino como alemanes o italianos o ingleses. Y ¿Dónde está la humanidad? ¿Acaso no es la humanidad la que nos envuelve a todos en cualquier parte del mundo? ¿Es necesario odiar al otro para construir la identidad?.. ¿Será imposible que el amor propio coexista con el amor al otro? La respuesta a esta pregunta se responde con la vida de Claudio Magris, un gran admirador de las culturas, de las diferencias, un hombre que a través de la escritura ha mostrado la riqueza que propicia el intercambio. El amor por su Italia no se traduce en odio hacia otros países, al contrario él encuentra belleza en las diferencias, en lugar de temer o juzgar, admira.
En El Danubio, una de sus obras emblemáticas, recorre este río desde su nacimiento hasta su desembocadura contando historias y personajes a través de una escritura que se mezcla con la novela y el ensayo, el diario y la autobiografía, la historia cultural y el libro de viajes. En esta obra se encuentra su pasión por los viajes, por el interés de observar las culturas y se refleja también esa capacidad para meditar, reflexionar sobre lo humano, ingrediente siempre presente en sus escritos.
Al reconocer que en el otro hay belleza y sabiduría los días serán siempre nuevos, es por esto que las sociedades se detienen cuando se consideran así mismas las poseedoras de la verdad absoluta. Cuando se le abren las puertas a la diversidad y a la discusión crece el saber.
Entonces ¿qué es la identidad? Se pregunta en La literatura ante la barbarie a lo que responde. “La identidad es algo movible. En la identidad de una persona confluyen elementos varios, contradictorios, provisionales, fluctuantes. El individuo aprende a sentirse huésped y no patrón de su propio mundo, de su propia identidad, un huésped a veces autorizado, a veces abusivo, pero ciertamente no más legítimo”.
La oposición a la intolerancia de los que se consideran portadores de la verdad, el respeto a las creencias de los que piensan diferente y el derecho que tiene cada cultura y cada persona a expresar libremente sus convicciones son conceptos que también defiende en sus ensayos.
En el Singo verdadero del laicismo define laicidad como una forma de pensar, una tendencia a apasionarse con las propias ideas, pero también a reírse de ellas y de uno mismo. También en este ensayo hace una interesante reflexión donde menciona el peligro que corre el espíritu laico que al luchar contra los dogmas puede pervertirse en la muerte de todos los valores y principios. Es decir aquello que critica los dogmas, se convierte en dogma. La razón corre el peligro de desnaturalizarse en la mera racionalidad calculadora. De esta manera el laicismo se convierte en su antónimo y la racionalidad se convierte en ley, en una técnica de poder que no reconoce valores más allá de los hechos.
Las sociedades siempre han tenido una tendencia a homogenizar, desde que los niños van al colegio lo primero que deben comprar es un uniforme. Nuestros sistemas educativos se han construido no a partir de la diferencias, sino a partir de las similitudes. Tal vez por esto no es extraño que quien se viste diferente, quien decide peinarse de una manera que se sale de los estándares es observado por los demás con rechazo, burla y miedo.
Esta tendencia a valorar lo homogéneo y a rechazar todo lo que se aleje del estándar se ve en la decisión tomada en Bélgica donde ahora es ilegal que las mujeres islámicas usen la burka en lugares públicos. Lo que indica que estas mujeres para poder estar en ese país deben dejar a un lado sus creencias y adoptar las formas de vestir de la cultura dominante. Como quien dice: “Si quieres estar conmigo, vístete como yo, no expreses en público cosas con las que no estamos de acuerdo, tus diferencias sólo podrán relucir en tu intimidad, jamás en la vida pública”.
Sin embargo para Claudio Magris Europa no significa nivelar las diferencias, sino formar un coro armonioso. Afortunadamente sus ideas serán inmortales a través de la escritura y le apuntarán siempre a esta bella frase: “La unidad no existe sin diversidad”.
En estás páginas podrán encontrar más información sobre el ensayista.
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Sueno/Estado/federal/europeo/elpepusocdmg/20100221elpdmgrep_7/Tes
http://losdelpoder.blogspot.com/2009/05/claudio-magris-un-enamorado-de-las.html
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1972
http://www.fpa.es/premios/2004/claudio-magris-1/speech/
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