Susana Moncada López
Ver un noticiero es como comerse un almuerzo a la carrera. Cuando no he terminado de masticar la primera cucharada, llevo la otra a la boca y la otra y la otra… Al terminar quedo con la sensación de que todo lo comido en lugar de alimentarme me va es a matar.
Y es que al parecer el periodismo se parece más a una carrera de atletismo en la que se consiguen las noticias y se venden como chorizos. En este punto es importante cuidar la apariencia, de ahí que las cosas que pasan se nos muestren con musiquita de fondo, con lágrimas y hasta con dramatizados.
Presente… no conocemos otra palabra. Las noticas sólo nos responden el qué, el dónde, el quién pero nunca nos hablan del por qué. Parece que el porqué se lo dejamos a la filosofía. De ahí la enorme confusión que tenemos frente a los conflictos en los países del Medio Oriente. Sabemos de los muertos, de las fechas, de los lugares, pero nunca entendemos el por qué. Y aún más preocupante es pensar que ni siquiera sabemos cuáles son nuestros verdaderos problemas como colombianos. Entre más nos informamos, más nos confundimos.
Aún así el 9 de febrero se convirtió en el día de alabar a los periodistas, de reconocer y valorar su compromiso social, cuando lo hay que hacer es evaluar lo que estamos haciendo. Tal vez necesitábamos escuchar en los medios de comunicación más reflexiones que halagos.
“Si no hay historia no hay memoria, si no hay memoria no hay identidad, si no hay identidad no hay Estado” fue una de la ideas que expresó Ramón Maya historiador y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana en la conferencia que se organizó el día del periodista. Si no sabemos quienes somos, no sabremos por qué actuamos como actuamos. Si no entendemos el pasado de nuestro país, nunca podremos entender nuestro presente. Si no compartimos una historia común no nos identificamos con nadie y si no nos identificamos con nadie no sabemos qué nos une como colombianos ¿Entonces qué ventajas le trae a la sociedad un periodismo que sólo se preocupa por obtener las primicias?
Sin embargo encontramos una frase perfecta para lavarnos las manos diciendo que los medios dan lo que la gente pide. Si les gustan los shows convertimos los noticieros en espectáculos, si les gusta la violencia hacemos novelas donde todo el mundo se de bala. Esto se resumiría en una frase: Los medios somos inocentes, la culpa la tiene el pueblo que con su ignorancia nos obliga a divulgar este tipo de contenidos.
Pero lo que tenemos que recordar es que la mayoría de los colombianos no tienen la oportunidad de estudiar y además a los que sí pueden no se les enseña a ser críticos ante los medios: se les enseña de ingeniería, de diseño, química, pero este conocimiento muchas veces no les ayuda a ser críticos a la hora de sentarse a leer un periódico o a ver noticias. Y lamentablemente, como si no entendiéramos que en este país necesitamos más ética y humanidades que ciencias puras, les enseñamos a los jóvenes a aprovecharse con sus conocimientos de los más débiles para sacar partido.
Es descarado decir que el pueblo tiene la culpa cuando los colegios de este país son los canales de televisión. Es injusto decir que el pueblo se merece a los gobernantes que tiene cuando los medios se encargan de manipular las opiniones de la gente para que voten por sus gobernantes.
A los periodistas nos encanta mirar hacia afuera para criticarlo todo. ¿No será hora de mirarnos a nosotros mismos?
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